Luz bailaba con su sombra en sincronía perfecta a pasos desencontrados. Si Luz se inclinaba, su sombra se alzaba.
Nunca supo quien de las dos llevaba el paso. En la distancia los pájaros contemplaron la danza e intentaron musicalizar la escena, pero a la noche comprendieron que no podían dar con el ritmo que llevaban y cedieron al sueño.
Al amanecer, Luz y sombra iniciaban su danza y los pájaros supieron que quien llevaba el paso era el sol.
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