martes, 17 de mayo de 2011
Las ballenas ciegas
Tenía 6 años Lucía cuando por primera vez sintió que el planeta se estremecía bajo sus pies. Inmediatamente se echó al suelo con la cabeza girada de medio lado y sus brazos tan abiertos como quien abraza un gigante.
Fue un instante tan breve que apenas hubo tiempo de comprender lo que sucedía.
Con los años, Lucía recordó aquel día mientras se trasladaba en un transporte público. Sus ojos comenzaron a brillar y la comisura de sus labios temblaba, hasta que no pudo contener más el brote explosivo de su risa. Alguien le observo y correspondió la carcajada, quizá esta persona recordaría a Lucía y prolongaría una epidemia de sonrisas contagiosas...
Y pensar que toda esta fiebre de alegría la generó una niña que hace un par de décadas intentaba escuchar el canto de las ballenas ciegas.


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