miércoles, 18 de mayo de 2011
La máquina del tiempo
Un viejo bibliotecario curtido por áridos días de sol, comprendió que había leído todo lo que necesitaba cuando descubrió la máquina del tiempo. Ese día su ojo perspicaz y curioso giraba nerviosamente a través de un agujero que daba al antiguo almacén de libros deteriorados. Un baño de luz, escapaba de un tragaluz precisando la posición de minúsculos cuerpos ligeros que flotaban dispersos en el lugar.
El viejo abrió lentamente la puerta e ingresó de puntillas en un espacio detenido en alguna época sepia, se acercó a una mesa austera y arrojó una florecilla silvestre, de esas generosas que germinan en cualquier recodo. Se ocultó entre un par de estantes a contemplar el escenario.
En pocos minutos ingresó una joven vestida de mariposa, tomo la florecilla y la devoró. El color del brote se mezcló con su saliva y una pequeña secreción asomó al extremo de sus labios. La joven se hizo pequeña y escapó voladora a través del tragaluz. Detrás de los estantes apareció el bibliotecario, aproximadamente con ocho años de edad.
Afuera del almacén todo permanecía inmutable. Sin embargo, ya nadie podría encontrar al viejo bibliotecario... Detrás de la puerta del almacén apareció un chiquillo que sostenía con sus manos los enormes pantalones que llevaba, pasó entre curiosas miradas, con ojos pícaros y felices, como quien calcula cómo podría iniciar una vida con dos mil trescientas cincuenta historias en su memoria.


1 comentario:
Refrescante como tomar una limonada grappe a las 1:30 p.m. en el cristo de Puerto Colombia jejeje. Exitos miles. Excelentes Letras Excelentes ilustraciones...
luis seijas
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