No es muy razonable que cada mañana, Ben observara la laguna con la cabeza inclinada hacia su izquierda. A su pequeña Sofía le agradaba observarle con devoción y le gustaba imaginar que su pensamiento cubría la superficie con una niebla tan espesa, que el único modo de distinguir la distancia en la que se prolongaba el agua era administrando su vista en el eje horizontal.
La imaginación de Sofía cobró terreno en la 'realidad' a través de sus sueños. La niña despertaba confusa y llena de miedo para después recordar la silueta de su padre atravesando un camino en el aire que cada vez se estrechaba más lateralmente entre una verde pared de agua y un cuerpo difuso que parecía absorber su forma. La pequeña empezó a sentirse sola y necesitaba que su padre enderezara la cabeza.
En una mañana borrascosa, Sofía encontró nuevamente a Ben con la cabeza girada frente a la laguna. Era cierto... Su padre buscaba el horizonte bajo la niebla.
Sofía corrió impulsivamente bajo la lluvia hasta el brazo derecho de su padre para evitar el giro fantástico que lo haría entrar en un camino sin regreso, hacia un mundo horizontal que no tenía soporte para sus pies.
Ben sintió la pequeña y tibia mano de su niña, enderezó su rostro y le dedicó una mirada cariñosa. Ella sonrió para su padre y le explicó que existe otro modo de no perder el camino que se prolonga en la superficie de la laguna. Halando su brazo y llevándolo a su estatura le dijo:
- Si te agachas y ves la laguna desde su nivel, no te irás volando de aquí.


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